Sep 062012
 

Vivimos rodeados de anuncios, carteles, colores llamativos, luces, luces que cambian, cosas que se mueven por todos los sitios. Al igual que hay contaminación del aire o  lumínica, también hay contaminación visual. En enero de 2007 se promugó una ley en la capital económica de Brasil, São Paulo, por la cual se eliminaban los anuncios gigantes (a partir de 9mx6m). Tuvo gran acogida por la mayor parte de la población. Además, los anuncios de los negocios se regularon de acuerdo al tamaño de sus fachadas. Evidentemente esto no gustó a los publicistas, alegaron:

  • Se inhibe la libertad de expresión
    ¿Entonces el spam también es libertad de expresión? La libertad de expresión la ejercen los individuos, no las corporaciones.
  • Se pierden fuentes de empleo
    Cierto, pero la tendencia de las corporaciones es tener un presupuesto fijo para publicidad, el cual invertirían en otros medios, creando nuevas fuentes de trabajo.
  • Los consumidores tendrían menos información para realizar decisiones de compra
    Información y persuasión son cosas diferentes. Difícilmente la publicidad puede ser una fuente de información.
  • Habría menos iluminación en las calles, y se volverían más inseguras
    Las ciudades suelen estar sobreiluminadas. Las luces de los anuncios prácticamente no alumbran pues su propósito es llamar la atención. Así que tendríamos menos nivel de estrés sin tanta lucecita.

Fuentes y fotos: Periódico Diagonal,  Skyscrapercity y Duopixel.

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